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EN SALVADOR LA FIESTA YA ARRANCÓ

  • ENTRELINEAS en la Copa América-Yalis Fontes desde San Salvador Bahía
EN SALVADOR LA FIESTA YA ARRANCÓ
Foto:Yalis Fontes

 

 

 

Llego a San Salvador, mientras el calor me envuelve ya me entero que la fiesta de esta noche es en el Farol de la Barra, que se encuentra en un extremo de la ciudad.

 

 

El Faro se construyo dentro del Fuerte San Antonio y los mejores atardeceres de Salvador dicen que se contemplan en ese lugar.

 

Ahí,precisamente,es donde la fiesta se preparó para observar el juego Brasil Paraguay.

Por un suspiro no fue desastre.

Y a las 23:44 hs. de este jueves la emoción estalló en todo Brasil y dio rienda suelta a los festejos.

Gabriel Jesús convirtió el último penal eliminando a Paraguay,dejando atrás el sufrimiento de la definición por penales.

Ahora mientras el Mineirao espera les alcanzamos parte de la previa en Salvador de Bahía.

 

Uruguay mientras tanto se hospeda en un Hotel cerca del Aeropuerto.

 

 

La selección entrenó por la tarde en el Barradao, del Club Vitoria, clásico rival del Bahia.

 

 

Algunas versiones indican que  Nández entra en el once titular, sale Lodeiro y Georgian De Aarrascaeta va por izquierda.

 

 

Perú también ya esta en Salvador. Vienen muy dolidos y son peligrosos.

 

 

Tienen buen pie, buena técnica y son veloces, algo que a los celestes les complica.

 

 

De todas maneras Uruguay en todas las casas de apuestas es favorito.

 

Se esperan de 2 mil a 3 mil uruguayos.

 

Si pasa, en Porto Alegre la cosa cambia.

 

Volvemos a ser locales.

 

 

Ojo, no es por pasar el chivo, pero una opción recomendable es viajar en TTL.

 

Pero primero, lo sabemos por historia, hay que ganarle a Perú.

 

 

PERIPLO RIO-SALVADOR EN BUS

 

 

Termino la tarea de notas en zona mixta del Maracaná y cuando salgo del salón, Javier Máximo Goñi me llama.

-“Si tienes alguna cotización conveniente a Salvador avísame, no importa la hora”.

 

Era la consigna de todos los que estábamos en Rio: el viajar a Salvador, sabedores que la premura va de la mano con los altos precios de los pasajes áereos.

 

No lo llamé. No conseguí un buen precio, y malherido por el quiebre de Avianca decidí mandarme en bus, en un viaje de más de 24 horas.

 

Otra manera de conocer y tener contacto directo con la gente, más de a píe.

 

El bus, Aguila Blanca sale a las 9.

 

Me levanto a las 7, afuera 24 grados y el sol ya arriba.

 

Hoy otra vez vamos a tener más de 30°, seguro.

 

De todas maneras saco un buzo de la valija, la campera, el vaquero y un buen par de medias, abrigadas.

 

Además de un chaleco sumo un remera y una camisa manga larga.

 

¿Con 30° tanto abrigo?¿Locura? No, simple previsión.

 

El aire acondicionado de los buses en Brasil no tienen clemencia, si no te abrigas te congelas, y eso puede ser suicida o por lo menos un pase al neumólogo.

 

 

Pido un Uber a la Rodoviaria, me sale 25 reales, 45 menos que un taxi, y Rodrigo, hincha del Vasco me comenta lo difícil que es ser partidario del Vasco esta temporada.

 

 

Subo al bus, asiento uno y en el arranque la vista es espectacular: cruzando el puente a Niteroi, la Bahia de Guanabara me alcanza una vista maravillosa del Corcovado y el Pan de Azucar.

 

Las aplicaciones por internet me permiten saber la velocidad del bus, por donde transitamos, me recomiendan ponerme el cinturón de seguridad y hasta donde queda el próximo puesto de combustible.

 

 

El ómnibus une ciudades y pueblos como eslabones a su marcha, mientras el verde exuberante gana el paisaje, entrecortado con puestos de artesanías, casas solitarias con parabólicas y los peajes que cada tanto asoman.

 

 

Cruzamos y paramos en algunas ciudades que no aparecen en folletos turísticos: Macaé, Campos de Goytacazes, Sao Tadeeo, Jussari,Itabuna.

 

 

Trato de ponerme al día con el sueño atrasado y la lectura, pero más que nada me dedico a observar y disfrutar la vista.

 

 

Se hace la noche, amanece y la niebla es la dueña del camino, angosto ,sinuoso y con pendientes.

 

 

Descubro que la ruta no solo parece peligrosa, sino que lo es. A 10 metros del camino aparece una camioneta blanca volcada entre la maleza.

 

 

Prendo la aplicación para saber donde estoy, y lo primero que me pide es que encienda las luces…

 

 

Estoy como a 600 kilómetros, la tierra colorada de la sierra cortada para el paso de la ruta se reparte el paisaje con los bananeros, palmeras y caserios precarios de madera.

Algunos dan pena.

 

 

Entre curva y cuestas, veo la ruta que parece un cable gris tirado sobre una alfombra verde.

 

 

Se aparece el puente sobre el río Jequitinhonha y el agua me impresiona por lo marrón.

 

 

El vaivén ya despertó a todos en el bus: por un lado paredes de piedra del otro abismos con vegetación tupida allá abajo.

 

 

Sobre la cima de los árboles, veo aves negras, parecen cuervos, que abren sus alas para secarselas de la lluvia , mientras los cebu, simil de vacas, pastan en la entrecortada ladera.

 

 

Llegamos a Itabuna, una pequeña ciudad del sur de Bahía, con 200 mil habitantes y más de una docena de edificios de más de 15 pisos.

 

 

Volvemos a cambiar de chofer. La ceremonia se repite. Pulcramente vestido se presenta, nos anuncia donde será la parada del desayuno, nos recuerda la obligación de utilizar el cinturón de seguridad y expresa: “Nos vamos a conducir, que Dios nos acompañe a todos como siempre”.

Típico.

 

 

A pesar de las amables palabras del chofer, en el fondo siento que están preocupados con la demora y al rato a los gritos se lo hacen saber.

 

 

-“Primero tenemos que aguantar a Bolsonaro y ahora a usted”, grita alguien del fondo.

 

 

Y ahí arrancó la imperdible discusión política: que Lula robó o no, que Bosonaro es igual a los demás “no tiene propuestas, no quiso debatir”, si o no a la compra de armas  y así siguieron.

 

 

Cuando parecía que se salía de control, uno grita-“Yo no vote a ninguno, la palabra de Jesús es mi arma”.

 

Semejante aseveración en medio de la troya milagrosamente surgió efecto: al rato dormían todos excepto una mexicana al fondo que estaba encarnizada con la lectura de un libro.

 

A 100 kilómetros dejamos la Ruta BR 101.

 

 

Es una de las principales de rutas Federales de Brasil, que arranca en el Municipio de Touros , allá arriba en Rio Grande do Norte y termina a 200 kilómetros del Chuy, en San José do Norte, en el Estado de Rio Grande do Sul.

 

 

Muchos uruguayos la transitamos cuando viajamos a Porto Alegre o incluso Florianópolis y tiene una extensión de 4.700 kilómetros y se llama Gob. Mario Covas.

 

 

Ahora es el turno de transitar por la BR 324, tranquila al comienzo, doble vía, de solo 627 kilómetros de extensión.

 

 

De atrás le vuelven a gritar: -“Vas a 60 en esta ruta, tengo compromisos en Salvador. Apura!!!”.

 

-“Por tus gritos, ahora va a 50”, le señala otro.

 

El chofer, inmutable, sigue a su ritmo con el sol a su espalda ahora.

 

Cuando estamos llegando, una favela vigilante y atenta gana la geografía sobre la geografía donde circula el bus.

 

 

-“No son favelas”, me dice Eli, que con su marido me acompañaron desde el arranque lejano en Rio.

 

-“Son comunidades”, agrega, “esta se llama Fazenda Grande do Retiro”.

 

Demasiado parecidas, pero…

 

Leonardo, su marido me guiña. Ese es el nombre que le dan en Salvador.

 

Mientras nos acercamos al destino, el enojo aumenta con el motorista.

 

Las quejas se hacen sentir.

 

-“Deja ya esa matraca !!!”, grita uno.

 

-“Tenemos compromisos!!!”, reitera otro.

 

-“Sosiega”, responde bajito el chofer, que sigue a su modo.

 

 

Pasamos por un  barrio cuyo nombre me dijeron pero no entendí, y aparece la temida “trancadera” del transito.

 

Autos y ómnibus por todos lados, a paso hombre.

 

Adentro, allá atrás, era una locura.

 

Una señora, aparentemente seria, pierde la compostura e incrimina al conductor.

 

-“Esto no se aguanta más…!!!”, dice, mientras copia el número de “Atendimento al usuario”: +166.

 

Llegamos y cuando pensé que se armaría…terminaron hablando que “Uber se haría cargo de las deudas de Avianca…” ¿?.

 

Si supieran que soy uno de los damnificados.

 

Pero es Bahía, donde lo mágico se cruza con lo real.

 

Pido un Uber y me largo.

 

Efectivamente ya es tarde.

 

Definitivamente me perderé el atardecer en el Faro de la Barra, pero mañana será otro día.

 

Como siempre, este, valió la peno vivirlo.