Michael Robinson, una escuela de vida

Con su tono hipnótico y su inteligencia se las arreglaba para convertir las aventuras competitivas en auténticas epopeyas que te renovaban el amor por el deporte

JORGE VALDANO el pais.com

EL PAIS ESPAÑA

El deporte se quedó sin voz

Cuando el fútbol recupere el paso, notará que le falta la voz amiga de Michael Robinson, que tenía la capacidad de simplificar con simpatía los mecanismos de un juego complejo. Canal Plus, ahora Movistar Plus, le dio al fútbol una nueva dimensión estética que modificó la mirada de muchos españoles, llevando el interés de la audiencia hasta la intimidad del vestuario o hasta la apasionada extravagancia de las gradas, en programas como El día después. Muchos profesionales lo hicieron posible, pero la sensibilidad, inteligencia y humor de Michael fueron imprescindibles para que viéramos el fútbol, incluso en los partidos más calientes, como una pasión amable. Fue más allá. A través de programas como Informe Robinson nos contó historias maravillosas de grandes héroes populares o anónimos, todas de una gran dignidad humana. Para hacerlo necesitó la sensibilidad de un artista y la pasión que caracterizó su vida.

No era el acento, era la inteligencia

Al lado del excelente Carlos Martínez (hoy, sin duda, “más solo que la una”), nos contó el fútbol con el tono que merecía cada partido y, a lo largo de 30 años, nunca se dejó arrastrar por tendencias como la de convertir a los periodistas en hinchas o al periodismo en un espectáculo ruidoso. Era auténtico, luego era distinto. Sin obsesiones que le hicieran cargante y con un acento marcadamente inglés que compensaba (“a otra cosa mariposa”) con dichos y giros populares que lo acercaban al espectador. Sus comentarios eran oportunos, jamás ofensivos, y salpicados de una gracia descriptiva que eran una marca registrada. Podía ocurrir que Carlos Martínez se refiriera a un “gran cambio de ritmo de Iniesta” y que Robinson cerrara el comentario a su manera: “Sí, de lento a más lento”. Frase que, lejos de reducir, engrandecía el original talento de Andrés. Con esos aportes lograba mejorar los partidos.

Alrededor de la fogata

Otro de sus legados fue enseñarnos a ser felices a través del agradecimiento. Se sentía agradecido al fútbol, a su condición de comunicador, al Liverpool, a Osasuna y, por supuesto, a España, país por el que se sintió adoptado, bajo el título de “inglés de Cádiz”. Su método de seducción era el mismo que el de los antiguos pobladores que, alrededor del fuego, fascinaban a los curiosos con relatos apasionados. Le bastaba con su tono sereno, casi hipnótico, para que se produjera el milagro de la comunicación. Luego, la inteligencia se las arreglaba para convertir las aventuras competitivas en auténticas epopeyas que te renovaban el amor por el deporte. En un tiempo donde refutar leyendas se ha convertido en otro deporte, él las engrandecía hasta convertir las historias en emocionantes escuelas de vida.

El contador de historias que olvidó su propia historia

Es increíble que estemos llegando al final del artículo sin haber mencionado su condición de futbolista. Es una vergüenza que no sé si me perdonaría, porque hablamos de un campeón de Europa y, además, porque los futbolistas morimos sintiéndonos futbolistas. Pero me parece más importante poner en valor la capacidad de convertir, como diría su admirado Vázquez Montalbán, “aquella práctica, en un saber”. No estudió periodismo y, sin embargo, lo bordó; no era actor y, sin embargo, era capaz de interpretar cualquier papel; no era español y, sin embargo, se fue recibiendo los honores de un grande. Como consuelo nos deja los emocionantes episodios de Informe Robinson y Acento Robinson (Cadena Ser), ya testimonios indiscutibles de su talento. Y una evidencia. No hace falta marcar un gol ni batir una marca ni levantar una Copa para mejorar el deporte. Basta con que un buen tipo sepa contarlo con honestidad, sabiduría y elegancia. Basta con haber sido Michael Robinson.

Las frases para la posteridad que nos dejó Michael Robinson y que lo hacen inolvidable

El exfutbolista y comentarista nos ha dejado a los 61 años. Genio y figura, aquí recordamos algunas de las frases que lo hacían tan especial.

EpikActualizado a: 28/04/2020 10:47 0

Las frases para la posteridad que nos dejó Michael Robinson y que lo hacen inolvidable
Rodrigo Jiménez EFE

Michael Robinson nos ha dejado. El exfutbolista y conocido comentarista nos ha fallecido a los 61 años tras luchar desde finales de 2018 con un melanoma con metástasis. Su fallecimiento ha sido anunciado este martes por sus familiares a través de su propio perfil de Twitter.

Con Robinson se va un exfutbolista que fue ya mítico por su llegada al fútbol español desde Inglaterra cuando no era lo común, pero sobre todo una persona que por su forma de comunicar se había ganado desde hace décadas un espacio consolidado como una de las voces más auténticas a la hora de hablar de fútbol y su manera de tratarlo en los espacios en los que aparecía en múltiples medios como la Cadena SER o Movistar.

No hace falta recordar que Robinson fue siempre un tipo genuino, capaz de quedarse siempre en la cabeza de la gente con su acento, sus expresiones y muchas de sus frases sobre el fútbol y la vida. Aquí recopilamos algunas de las que le sin duda alguna le recuerdan, lo hacen tan inolvidable y remarcan por qué lo vamos a echar tanto de menos:

– Cuando llegué a España yo sólo decía hola, adiós, gracias, cerveza y contaba hasta cinco.

– Cuando me pidieron en la final de la Copa de Europa que lanzara un penalti yo pensaba en mis padres que en mi casa estarían diciendo… mi hijo la va a cagar.

– He conseguido no hablar bien ninguno de los dos idiomas (ni el castellano ni el inglés)

– La bebida está muy estigmatizada. Yo tenía fama de bebedor cuando jugaba. Pero nunca tomaba alcohol 54 horas antes de un partido. Aunque es verdad que no recuerdo muy bien todos los lunes de mi vida.

– El cáncer puede matarte una vez, pero no todos los días

-Soy muy afortunado: tengo 52 años y nunca he dado un palo al agua.

– Si me preguntas cómo me definiría, la verdad es que no te sabría responder. Supongo que para mucha gente soy algo distante y con ciertos aires de arrogancia, que viene más bien en el ADN de casi todo británico.

– Cuando vinimos a España por segunda vez decidimos no hacer planes…y resulta que llevo ya 30 años aquí.

– Necesitamos al diferente para culparlo de todo.

– (Sobre Cádiz) Es la única ciudad occidental donde el capitalismo no es la ley. Ser rico es incluso una desventaja.

– En los años ochenta, Liverpool era una ciudad que no tenía nada, Margaret Thatcher la había masacrado y sólo nos tenían a nosotros.

– Me gusta Velázquez: fue el primero en describir la derrota.

– La televisión me seduce: me ha hecho llorar de pena, de felicidad, reír mucho, me cuenta las historias más terroríficas, me da las mejores noticias: no es la caja tonta, es la caja mágica.

– A veces, cuando tengo que rellenar un formulario y pone ‘Profesión’ me pregunto si debería poner ‘Jeta’, pero acabo poniendo ‘Director de televisión’.

– Mi españolidad la descubrí en la final del Mundial de Sudáfrica. Yo estaba en ese momento estuve en estado de pánico.

FUENTE as.com/epik

FOTO RODRIGO GIMENEZ EFE

silencio, el futbol esta pensando

Hay que confiar en que el deporte salga de esta especie de retiro espiritual con una lección aprendida. Encontrar talento y formarlo siempre resultó barato

JORGE VALDANO EL PAIS ESPAÑA (elpais.com)

Tiempo de parálisis.

Siempre he creído que el fútbol está hecho de nostalgia (pasado), emoción (presente) y sueños (futuro). Pero el tiempo no mide igual desde que se personó el coronavirus. La nostalgia es la única beneficiada porque estiramos el tiempo hacia atrás viendo partidos antiguos que son patrimonios sentimentales, como fotos del pasado. También intentamos alargarlo, sin éxito, hacia adelante, con pronósticos absurdos, como si supiéramos los planes de la covid-19; o sugerencias bienintencionadas y disparatadas, como jugar cada 48 horas y hacer cinco cambios por partido. Pero el más perjudicado es el presente, que se ha quedado suspendido, como si el fútbol, perplejo por la incertidumbre y el miedo, hubiera preferido quedarse quieto. No es su naturaleza. El fútbol es acción, lo mismo cuando se grita un gol que cuando se echa a un entrenador. Dan ganas de abofetearlo para que espabile.

El bello durmiente

Al Barça, que es el único club que se mueve, le hubiera convenido quedarse quieto, porque solo da malas noticias. Pero también en Barcelona el fútbol detuvo el tiempo. Si le diéramos al play, ¿qué pasaría, por ejemplo, con Quique Setién? Cuando todo se paró, aún estaba bajo examen, esperando que el juego y los resultados le sacaran por fin de la sensación de provisionalidad con la que llegó. Como el fútbol no está dictando sentencia, seguimos sin saber si Quique está seguro, o no; si tiene apoyos en la directiva y en el vestuario, o no; si tiene futuro, o no. Oí a Quique con De la Morena y percibí la convicción de siempre en la defensa de sus ideas, pero le faltaba la autoridad del que se siente dueño de la situación cuando hablaba de la cantera o de los fichajes. Como la bella durmiente, solo podrá revivir con un beso de Messi.

Algo más que la economía

Si el fútbol no despierta será en los despachos donde se decidan campeones, ascensos, descensos y derechos para jugar en Europa. Todas las decisiones estarán viciadas porque los méritos, en el deporte, solo los dicta el terreno de juego y aún le quedan cosas que decir. Mejor con gente que sin gente, mejor con tiempo para una pretemporada que sin tiempo, mejor cada tres o cuatro días que cada 48 horas, y mejor jugar que no jugar. No puede ser que el momento de la parálisis consagre al campeón. Si la Liga se diera por terminada el campeón sería el Barça, si hubiera acabado una semana antes el campeón sería el Madrid. Pero terminar la Liga es también importante para los que pelean por una plaza europea y para los que están en zona de descenso y pretenden quemar el último cartucho… Y, sobre todo, para la justicia.

Lo que el tiempo debiera haber enseñado

Cuando vuelva en sí, el fútbol necesitará mucho dinero y esa avidez puede confundirlo. Temo que el fair play financiero se haga más laxo para no espantar a las grandes fortunas que puedan inyectar dinero al sistema. En estos días se habla de una posible venta del Newcastle United al fondo soberano de Arabia Saudí. Imposible no verlo como un intento de utilizar la magia del fútbol para ponerle una sonrisa a la siniestra imagen del príncipe heredero. Pero como la tentación es puramente económica, hay que confiar en que el fútbol salga de esta especie de retiro espiritual con una lección aprendida. Encontrar talento y formarlo siempre resultó barato. El dinero que los grandes clubes multiplicaron en las últimas décadas no fue, entonces, para crear más y mejores jugadores, sino solo para encarecerlos en una dinámica que solo el coronavirus supo frenar. ¿Cuánto tiempo durará la prudencia después de este susto? Lo que la pasión tarde en alocarnos de nuevo.

JORGE VALDANO EL PAIS ESPAÑA (elpais.com)

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