• Rocha -
  • Uruguay -
  • Jueves - 20 2018
  • Max: 21C Min: 9C Parcialmente Nublado

VIAJE EN EL LEGENDARIO TREN RUSO, ORGULLO DE LA NACIÓN

  • YALIS FONTES desde MOSCU, ENTRELINEAS EN LA COPA DEL MUNDO RUSIA 2018.
VIAJE EN EL LEGENDARIO TREN RUSO, ORGULLO DE LA NACIÓN
Foto:

 

 

VIAJE EN EL LEGENDARIO TREN RUSO, ORGULLO DE LA NACIÓN

El suave mecer me invita al sueño.

En plena madrugada, tirado sobre una litera, disfruto y agradezco el lugar donde estoy.

Mis compañeros de cuarto, una pareja rusa con sus dos hijitas, duermen plácidamente.

Pero yo, rochense a 13 mil kilómetros de mi ciudad, a pesar del cansancio quiero disfrutar el momento.

Estoy, finalmente, viajando en un legendario tren ruso, y  se que son instantes irrepetibles.

Los rieles de hierro , doble vía electrificada, eslabonan las ciudades y pueblos a su paso, y el paisaje corre por las ventanillas.

 

Antes de subir, en la calurosa mañana de Sochi, fuimos recibidos por un funcionario, vestido de saco y pantalón gris ,camisa blanca con vivos rojos.

Nos solicita la documentación, nos hace subir y nos indica algunos detalles del vagón, su vagón, ya que hay un encargado por unidad.

Será el cuidador, banderillero, limpiador y tiene además un compartimiento especial para él.

Amablemente no dejará que nos falte nada.

Me acompaña al lugar asignado y me muestra: en un paquete cerrado tengo sabanas bien dobladas, almohadas y mantas.

Todo extremadamente pulcro.

 

En mi compartimiento ya está instalada una familia rusa.

Están en pleno desayuno e inmediatamente me ofrecen una tentadora fuente con variados granos y cereales.

Imposible resistirse, aunque son algo picantes para mí.

La niña más pequeña, de tres años no para de gritar traviesamente y el guarda, al percibirlo, me sugiere el cambio de camarote.

Ante eso, veo las 4 caritas,tan correctos y dulces al tratarme, que inmediatamente les digo que no, le hago señas que con ellos pasaré muy bien.

Se alegran y me hacen lugar.

Son amables y gentiles, como no empatizar enseguida con ellos.

Se trata de Leonid y su esposa Anna, con sus hijas Yliana de tres añitos y Diana de 13 …y otra u otro en camino.

Provienen de Karelia Petrozavolsk y viajan a San Petersburgo.

 

Necesito una siesta urgente.

Observo como subir a mi cama, lejana allá arriba.

Me muestran un dispositivo que con un toque se transforma en escalera.

Con un movimiento felino, desacostumbrado, subo fácilmente.

Luego quedo como estaqueado en la cama, que es cómoda pero angosta y por suerte tiene una baranda que me impide caer.

A mi lado asoma de un aparato rectangular un reparador aire frío, y en un instante me duermo.

Cada tanto escucho por allá abajo a la más pequeña, de tres años, hablarle gritando a su papá, que dulcemente le susurra , creo entender, que estoy descansando arriba.

De pronto la escucho cantar una tonada como de canción de cuna.

No tengo la filmadora a mano, no importa me digo, con los ojos cerrados me llevare esos instantes en el alma.

Esto promete me pienso y sigo la siesta.

 

Al despertarme, para bajar de mi cama tuve algún problema, pero me las arreglé.

Con el paso de las horas me entero que el tren se detiene cada tanto a realizar paradas técnicas en las cuales no baja sus escaleras y no se puede descender, pero en otras si y la gente aprovecha a caminar y comprar comida, pescado asado fundamentalmente y frutas.

 

El tren tiene como 25 vagones, vamos en el 15 y el Restaurant está en el 8.

A las tres de la tarde vamos a almorzar.

La comida es rica y no cara.

El menú inentendible.

En el restaurante tres noruegos gigantes no dejan descansar a las cervezas de la heladera.

Hablan a los gritos con unos rusos , de fútbol, por supuesto.

Cuando uno me ve pasar, reconoce mi carné de prensa y mi nacionalidad.

-“Le ganaremos a Francia 2-1”, me dice riendo.

Ahí me doy cuenta que tiene la bandera uruguaya pintada en un brazo.

El orgullo me salta por los poros.

La selección del maestro, “for export”.

En el Restaurante me entero por el monitor de Oxil, funcionario armenio hincha del Zenit de San Petersburgo, que España gana 1 a o a Rusia.

Más adelante, al costado de una vía, en una parada, perdido entre el Caucaso, me entero de la clasificación local a la siguiente fase.El mundial sigue y a nadie le es ajeno.

En esa parada aprovecho para ir al frente de la locomotora y su color , justo celeste, me traen gratos presentimientos.

Al subir Oxil me muestra una página donde dice que Cavani deja su lesión en manos de Dios. le explico entonces que por esta semana la laicidad en el país queda sin efecto.No se si me entiende.

 

Cuando llego al compartimento, a eso de las 11 de la noche, me encuentro que los compañeros de viaje duermen plácidamente.

Nunca imagine tener que subir a oscuras rumbo a mi litera.

Fue una odisea para mis capacidades motrices, pero finalmente lo logré, sin perder ninguna vertebra en el intento.

 

Por la mañana el pasillo del tren es imperdible: mujeres circulando con camisones hasta hombres con piyamas, niños presurosos en calzoncillos con espuma de pasta dental en la boca con sus abuelos correteándolos.

Luego del desayuno en el Restaurante me quedo contemplando el paisaje

Cada tanto aparecen algún pueblo o ciudad, de donde asoman en lo alto las catedrales con sus torres en forma de cebolla.

En el verde, los plantíos de granos y papas se repiten, y por momentos, reiteradamente, son interrumpidos por una locomotora gris y roja que pasa a dos metros en sentido contrario, sacudiendo nuestro tren.

Al pasar rozando Croacia la señal de internet desaparece, como cada tanto.

Otra vez disfruto del momento, y agradezco.

 

Cada tanto doy una vuelta por mi compartimento.

En una ocasión encuentro a la niña mayor leyendo un libro…raro no verla con celular, que tiene, pienso.

Se lo pido, obviamente no entiendo por los títulos, y me sorprendo porque es un libro de porte, sin dibujos ni fotos. Aprovecho que en ese momento hay señal de wi fi y traductor mediante le consulto.

El libro es de Veniamin Kaverin, titulado los “Los dos capitanes”.

El autor es tan reconocido que hasta un asteroide lleva su nombre, pero la señal de wi fi se va y no puedo decirle por ese medio lo que seguro ella ya sabe.

Esa novela de aventuras Los dos capitanes (Dva kapitana), publicada en 1940-1945 obtuvo el Prwmio Stalin en 1946, y entusiasmó a la juventud rusa de aquella época.

Que ella lea ese libro me acrecienta la intuición de que la forma de ser de los rusos actuales tienen mucho que ver con el pasado socialista, a pesar de que Rusia transita por un capitalismo galopante.

 

Camino mucho por los pasillos del tren, buscando no perder detalles, pero siempre vuelvo a mi refugio.

Allí están mis amigos, la joven familia rusa.

Siempre se sonríen al verme.

Otra vez me ofrecen lo que están degustando: un espectacular salchichón con pan, queso y galletas.

Claro que acepto.

En una parada les pido para sacarme una foto, que luego reiteramos en el camarote.

 

Al momento de despedirme un dejo de “sabor a poco” me invade.Pasé tan bien que se hizo corto el viaje, a pesar de durar más de un día.

No puedo explicarles que no soy hombre de despedidas, sino de encuentros, No los veré más, seguramente, y me invaden las ganas de dejarles algo mío para que me recuerden.  Salvajemente revuelvo las valijas recién ordenadas y al fin encuentro algunos suvenirs.

Cuando entrego los míos, la niña me contesta en perfecto español” Muchas gracias”.

Ellos me regalan otros de su tierra…

“Spasiva”, de nuevo.

Y claro que no me arrepiento de no haberme cambiado de cuarto.

Sin entendernos al hablar, pero con el lenguaje de la gente buena, saben que les agradezco por su compañía y haber compartido esta experiencia para mi inolvidable.

Igual que a ustedes ,amigos lectores, a la distancia.

Vaya si valió la pena el viaje.

 

 

 

 

 

 

A continuación ENTRELINEAS los invita a conocer al legendario tren ruso , orgullo de la nación.

ARRANQUE DE TRAVESÍA

RECORRIDA POR LOS PASILLOS

CAMAROTES